jueves, 15 de octubre de 2015

Cuento 1

Cuento 1

Cuento 1


Luna

Había una vez un famoso vector, aburrido porque no se le consideraba el sentido
decidió viajar a la Luna, para ver si ahí, en ese lugar, si habían seres que lo
consideraran en plenitud.
Y se encontró con unos enanitos verdes, fortachones y simpáticos, que le hicieron
miles de preguntas acerca de cómo era que en la tierra había seres que no le
encontraran sentido al sentido, siendo que es tan importante ya que si así fuera no
se sabría hacia dónde la Tierra atrae a la Luna o hacia dónde la Luna atrae a la
Tierra.
Los enanitos verdes le dijeron al vector: "no te ofendas, pero aquí también hay
seres que se parecen a ti, pero nosotros los llamamos simplemente "flechas", así
nadie se confunde".
El vector se miró a sí mismo y se quedó pensando un rato y ¡claro!, dice el vector,
si toda la confusión nace de una tontera, yo nací para deleitar la matemática (un
plato de comida muy rico que se sirve en la Tierra) y bueno llegaron unos que se
decían físicos y me empezaron a utilizar y a usar. Ahí fue cuando algunos, que no
eran físicos, no comprendieron mi naturaleza y no me entendieron y me quitaron
parte de mi razón de ser.
Sin embargo, he visto que hasta el terrícola más simple, me utiliza correctamente,
muchas veces ni siquiera me conoce, ni sabe de mi existencia. Permanezco oculto
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para miles y miles de personas, grandes, más grandes, chicos y más chicos, sin
embargo, me usan y abusan. Mira enanito verde, por ejemplo: a un niño terrícola lo
envía su mamá terrícola a comprar un crédula (algo nuevo, que recién apareció en
el mercado) y le dice: ándate en la dirección del viento y cuando llegues a la
esquina toma el sentido de la aurora boreal pues ahí está lo que te pido, y el niño
entendió muy bien el mensaje y no se perdió.
Yo, como soy un vector, me pongo a reflexionar y digo: si no hubiera un sentido
¿habría llegado el niño a buscar lo que su mamá le pidió?
Ves, hasta un niño puede usarme con facilidad, no sé por qué ahora, algunos
terrícolas grandes me quieren ignorar, esto me entristece y ya no sé que hacer.
El enanito verde le dijo: “no te apenes, verás como aquí en la Luna te vamos a
querer como te mereces” y el vector, muy entusiasmado, se quedó a vivir en la
Luna
Y no pasaron más de dos eclipses y ta ta ta tan.
Las campanas doblaron el vector se prendó de la Luna y aceptó vivir con ella para el
resto de sus días o para la eternidad, lo que llegue primero, y así el vector y la luna
fueron felices para siempre.

Cuento 2

Cuento 2

Cuento 2




La Reina Masa y el Señor Peso

Había una vez una Masa que, creyéndose Reina, andaba por casi todas partes del
mundo para que todos la conocieran y supieran lo importante que era. No existía
territorio alguno que no supiera de su existencia. Estaba en todas partes.
Por entonces, en una aldea cercana, surgió sin explicación alguna un señor que se
hizo prontamente conocido y llegó a oídos de toda la gente por todas partes de la
tierra. Se hizo llamar el Señor Peso. Fue tanta su popularidad que la gente lo
empezó a usar para muchas cosas de su vida cotidiana.
Las personas cuando iban a la feria le decían al vendedor que le pesaran la fruta y
la verdura. Cuando iban al médico, la enfermera lo primero que hacía era pesarlos.
Cuando jugaban en el parque de entretenciones el que pesaba más ganaba en el
juego del balancín.
El Señor Peso pronto se hizo más popular que la famosa Masa y no faltó quien
concertó un encuentro entre ellos y toda la gente se dispuso a verlos y a
escucharlos, tal era la fama de ellos que no hubo reino en la tierra que no estuviera
atento a este esperado acontecimiento.
La Masa, cuando vio llegar al Señor Peso no se movió de su lugar esperando que el
recién llegado se acercara a rendirle honores. Por cierto que el Señor Peso hizo caso
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omiso de tal situación y se colocó pronto a disposición del moderador, el famoso y
prestigiado animador Gravitón.
Gravitón les pidió que se identificaran y dieran a conocer sus cualidades más
atractivas que tenían.
Entonces el Señor Peso dijo: Yo estoy en todas partes de la tierra, la gente me usa
para muchas cosas y, me cambio de ropaje cuando quiero, la gente me valora de
diversas formas, a veces soy más grande otras veces más pequeño. No hay cosa en
la Tierra donde yo no esté. Yo siempre miro hacia abajo, nunca miro hacia el lado ni
hacia arriba, ¡no!, la gente y las cosas se han dado cuenta que no necesito mirar
hacia arriba pues nadie más hay.
Le llegó el turno a la Masa y dijo, muy pausadamente: Miren todos, yo sí que estoy
en todas partes, no solo en la Tierra, yo existo en todas partes y más aún, no me
ando cambiando de vestuario, la gente que me conoce en un lugar siempre me verá
de la misma forma, nunca sufrirá un desengaño, yo jamás los defraudo. No importa
que vaya al polo o al ecuador, sigo siendo la misma. Con la humildad que me da el
saber que soy la Reina de toda la naturaleza no necesito andar mirando para abajo,
yo miro de frente de costado, para arriba, para abajo, para todas partes miro yo.
El Señor Peso, viendo que la gente que estaba presente en el encuentro empezó a
aplaudir más a la Masa, sacó de entre su ropaje su bastón de mando, que parecía
una flecha, y por más que quería levantarlo no podía, no dejaba de señalar el centro
de la tierra.
La Masa, no podía contenerse de la risa y siguió: El Señor Peso dice que es
importante y popular, más bien lo que sucede es que la gente no se ha dado cuenta
de lo enfermizo que es, se ha hecho conocido por ser un ser de múltiples
personalidades, cuando está en esta ciudad se ve de una forma, pero en otra ciudad
del sur o en otra del norte, cambia de personalidad y se muestra de otra forma. No
como yo, insisto, me muestro en todas partes de la misma forma. Y vieran ustedes
lo que le sucede cuando viaja a otro planeta o a nuestra amada Luna, su forma se
va empequeñeciendo e incluso desaparece a cierta distancia, solo cuando va a llegar
a otro lugar nuevamente adquiere una forma visible. Parece que por sí solo no se
puede presentar, parece que su forma depende del lugar donde se encuentre.
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Ya, a estas alturas, el Señor Peso estaba solo escuchando a la Masa, igual como la
gente que había concurrido a este esperado encuentro.
El Señor Peso, continuó la Masa, no puede caminar solo y mirar al frente, quizás no
se ha dado cuenta pero donde él va me encuentra a mí y por más que se sacude no
puede deshacerse de mí, le soy indispensable. No se dejen engañar, a veces él les
pide que le llamen por un seudónimo, el kilogramo, pero ¿no saben que ese es mi
apellido? y ¿qué este que se hace llamar Señor me lo quiere quitar?
El Señor Peso quiso pronunciar unas palabras y sólo alcanzó a decir: “ya ves Masa,
que todo el mundo me conoce y me usa más que a ti...”. Masa lo interrumpió:
“claro, pero tú has usado publicidad engañosa, ya es hora que la gente se de cuenta
que en realidad cuando te mencionan, se refieren a mí y no a ti”.
La Masa, dirigiéndose a todos los espectadores: señores y señores, niñas y niños del
mundo, sepan ustedes que yo soy quien está en todas las cosas, independiente del
lugar en que me encuentre, que cuando van a la feria y piden que les pesen la
fruta, en realidad están pidiendo que les den cierta masa de verdura. No confundan
mi apellido, el mío es “kilogramo”, el del Señor Peso es “Newton”. No se dejen
engañar con palabras bonitas y sonantes, la verdad la tengo yo.
Y, con aclamación terminó el encuentro, los aplausos para Masa fueron bastantes,
pero todavía quedaron unos cuantos seguidores del Señor Peso.
Al otro día, en titulares de toda la prensa, escrita, radial, televisiva, números extras
de casi todas las revistes, en fin, todos los medios de comunicación, decían: “La
Masa es la Reina de la Naturaleza: La Masa dominó mejor la situación y pudo
demostrar que está en todas partes y no engaña a nadie, que en todas partes es la
misma, sin embargo el Señor Peso tuvo que reconocer que su existencia dependía
de la misma Masa y de estar o no en un Planeta o una estrella o un satélite”.
A partir del bullado encuentro es que la Masa es reconocida como la Reina de la
naturaleza y el Señor Peso, a petición expresa de la Reina, siguió llamándose así.

Cuento 3

Cuento 3

Cuento 3

Fuerzas de roce

Esta es la historia del tiempo, que empieza cuando la familia de las fuerzas de roce
no existía. Incluso, dicen, que la princesa Gravedad aún no existía.
Hace tiempo. Mejor dicho: hace mucho tiempo, cuando el reloj aún no marcaba el
tiempo habían solo Estrellas y, entre ellas, el Señor Sol.
Las estrellas vagaban libremente por el espacio sin fin, nada ni nadie las detenía en
su aparentemente lento avanzar, todas se iban a lugares reservados por la Sabia
Naturaleza. Nada obstaculizaba el camino de estas habitantes que inundaban lo
finito y lo infinito, lo extendible y lo inextendible.
No había contacto entre ellas, las estrellas, de tal forma que sin mayor esfuerzo
perseguían un destino preestablecido, tampoco había aire que las obligara a tomar
formas extrañas para desplazarse.
Las estrellas vagaban por un extraño fluido que no era fluido: el espacio. Eso, el
espacio que no ha sido, aún, conquistada por la Reina Masa. En este espacio las
estrellas vagan, alumbrándose por sí solas el camino por andar.
Pero, sucedió lo que nadie esperaba, algo imprevisto.
El Señor Sol veía que el tiempo transcurría y siendo alegre y dinámico estaba
aburrido de estar solitario, veía con pesar el hecho de que los integrantes de su
familia se estaban alejando entre sí. Y decidió un día desprenderse de parte de su
cuerpo. Lo hizo y lo dispersó en su entorno y así nació la familia de los Planetas. Y
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para que no tuvieran su propia experiencia, a los Planetas que estaban más
alejados les dio acompañantes que no les hicieran la vida tan triste. Así nacieron las
Lunas. Y para juguetear, de vez en cuando, dispersó pequeñas partes de su cuerpo
creando los Cometas y los Asteroides. Así fue que nació su propia familia, que hoy
los hombres le llaman el Sistema Solar.
Pasó el tiempo y una vez, en la Tierra, tercero de los Planetas en su cercanía al
Señor Sol, se produjo una avalancha y las piedras y rocas empezaron a rodar y
nada ni nadie las detenía, rodaban y rodaban sin fin hasta perderse en las aguas
que adornaban su superficie.
Una de las rocas que rodaba golpeó un árbol y este salió desprendido en línea recta
e igual que las estrellas adquirió un movimiento de alejamiento y se fue perdiendo
hacia lo finito e infinito del espacio. Y así, muchas otras rocas golpearon otros
árboles que también tuvieron la misma suerte.
Y así fue que la Tierra se fue quedando sin habitantes.
La Tierra pensó así misma: “si esto sigue sucediendo todo se va perder, taparé el
océano de piedras y los árboles se me escaparán, ¡algo tengo que hacer!”.
Fue donde su padre, el Señor Sol y le contó su drama, pero el Señor Sol nada le
pudo recomendar ya que no entendía lo que la Tierra le estaba contando.
Por consejos de su Padre, la Tierra fue donde la Sabia Naturaleza y ésta, después
de escucharlo, le dijo: “querida Tierra, yo te solucionaré el problema, vuelve a tu
lugar, nada temas, pronto verás que todo objeto que quiera moverse del lugar que
ocupa en tu superficie será reconvenido y llamado a no alejarse demasiado”.
Y así fue que la Sabia Naturaleza le dio a la Tierra una extraña familia que la habría
de acompañar para siempre: la familia de las Fuerzas de Roce.
A partir de entonces, los cuerpos que querían moverse en la Tierra, tenían que
hacer un esfuerzo para iniciar el movimiento, era la Fuerza de Roce Estática la que
impedía que se empezaran a mover, no se sabe a ciencia cierta que si la Estática
era la mayor de las hermanas Fuerzas de Roce.
También ocurrió que los cuerpos que ya estaban en movimiento en la Tierra, tenían
que hacer un esfuerzo permanente para no perder el movimiento, era la Fuerza de
Roce Cinética la que llamaba a los cuerpos a que detuvieran su andar. Dicen que
ésta, la Cinética, era la hermana menor de las Fuerzas de Roce.
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Y los cuerpos a los que se le ocurría tener parte de su ser en contacto con el aire,
halo misterioso que rodeaba la Tierra, también tenían que hacer un esfuerzo para
no detenerse, y era muy curioso, mientras más rápido iban, más esfuerzo debían
hacer. Era la Fuerza de Roce con el Aire la que quería impedir que los cuerpos se
movieran.
Y así fue que los habitantes tuvieron que aprender a convivir, día a día, noche a
noche, con las hermanas Fuerza de Roce.
Los habitantes de la Tierra, no encontraron forma alguna de engañar a las Fuerzas
de Roce, siempre se hicieron presentes, nunca dejaron que un cuerpo de la Tierra
se moviera libremente como las estrellas.
Y así fue que los habitantes de la Tierra tuvieron que reconocer a la Sabia
Naturaleza como la más grande entre todas las grandes. Por fin la Tierra y sus
habitantes no se iban a alejar y perderse en algún lugar, estarían siempre cercas
entre sí, y los obligaría a tener que vivir como familia. Y así se crearon las familias
de habitantes de la Tierra.
Y, entre las familias, estaba la familia de los Hombres.
Y los Hombres dijeron: “gracias Sabia Naturaleza, por ser tan sabia”.

Cuento 4

Cuento 4

Cuento 4


Acción y Reacción


Hace algún tiempo, en un lugar no muy escondido sucedió que la señora Fuerza
contrajo matrimonio con uno de los herederos del trono del reino de los reinos, cuyo
nombre no revelaremos por ahora.
El matrimonio se fue a vivir en el universo que abarca todo lo conocido y también lo
desconocido.
Como regalo, los padres del heredero le dieron a la señora Fuerza y su esposo un
viaje de luna de miel a uno de los lugares más hermosos del universo: el Sistema
Solar o también llamado el “jardín del universo”.
De entre todos los lugares del jardín del universo, se quedó a vivir en la casa más
hermosa de todas: la Tierra.
Desde la Tierra la señora Fuerza su puso a cultivar su jardín: las estrellas y los
planetas.
No pasó mucho tiempo y la señora Tierra empezó a tener hijos e hijas.
Entre los hijos e hijas que tuvo la señora Tierra estaban: Gravedad, Peso, Roce, y
los gemelos Acción y Reacción.
Cada uno de los hijos e hijas se preocupó, junto a su madre Fuerza, de cuidar el
universo y todos sus habitantes. Su esposo, el heredero al reino de los reinos,
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gracias al afortunado casamiento con la señora Fuerza aumentó sus
responsabilidades. Y como señal de gratitud dejó en manos de su señora la
administración y cuidado del movimiento de todo ser que habitaba en el universo.
Cada hijo tenía su particular personalidad. Pero es digno destacar que como buenos
gemelos, Acción y Reacción se parecían en todo, eran del mismo tamaño, del mismo
color, vestían la misma ropa, en fin, eran iguales.
En un principio los hijos Acción y Reacción eran muy unidos y alegres y andaban
siempre juntos. Hacían jugarretas a todo el mundo.
Cierta vez, un día que andaban jugando por el patio de la casa, la Tierra, Acción
golpeó una pared y Reacción le devolvió el golpe a la pared y así a la pared nada le
sucedió.
Otra vez, Acción quiso chutear una pelota y Reacción devolvió el chute a la pelota y
así la pelota no se movió.
Acción y Reacción con sus jugarretas empezaron a crear problemas serios en la
familia de Fuerza y el heredero del reino de los reinos.
Un día la señora Fuerza le pidió a Acción que le abriera la puerta y vino Reacción y
la cerró. Y cada vez que Acción quería abrir la puerta Reacción se la cerraba.
La señora Fuerza se molestó mucho de sus hijos gemelos Acción y Reacción y
decidió reprenderlos y enseñarles a modificar su conducta.
Les dijo: “queridos hijos, ya están trayendo muchas dificultades a mi enorme tarea
de mantener en orden el universo, de ahora en adelante ya no podrán tocar al
mismo cuerpo o cosa a la vez. Además, para que puedan hacer algo deberán
personificarse en las cosas. Y, para finalizar, si Acción toca a Reacción, Reacción
tocará, de la misma forma, a Acción.”
Dicho y hecho.
Un día, Acción se personificó en una niña y Reacción en un niño. La niña empujó al
niño, y el niño, debido a que Reacción estaba en él, empujó a la niña.
La señora Fuerza vio lo que estaba sucediendo con Acción y Reacción y pensó que
ya había crecido lo suficiente y decidió llamarlos Fuerza de Acción y Fuerza de
Reacción.
Y así fueron viviendo Fuerza de Acción y Reacción.
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Ante los ojos de todos eran iguales, tenían el mismo tamaño, pero siempre
actuaban sobre cuerpos diferentes, actuaban en una misma línea pero siempre en
sentidos contrarios.
Otro día, Acción se personificó en la Tierra y Reacción en la Luna. La Tierra atrajo a
la Luna y Luna, por Reacción, atrajo a la Tierra. Desde entonces que la Tierra y la
Luna se atraen con la misma fuerza.
Y, bueno, así fue pasando el tiempo y ocurría que cada vez que Fuerza de Acción
actuaba, también lo hacía Fuerza de Reacción.
La señora Fuerza viendo que Fuerza de Acción y Fuerza de Reacción se
comportaban dignamente y que ya no entorpecían su tarea de administrar los
movimientos del universo un día los mandó a recorrer el universo, para que
conocieran los amplios y vastos paisajes que eran de dominio de ella y del heredero
del reino de los reinos.
Fuerza de Acción y Fuerza de Reacción fueron por el universo y, jugando como ya
habían aprendido a hacerlo, dieron más armonía aún a esa gran casa que cobija
todo lo existente.
Al cabo de cierto tiempo Fuerza de Acción y Fuerza de Reacción volvieron a la Tierra
y siguieron sus apacibles y dichosas vidas.
Desde entonces es que Fuerza de Acción y Fuerza de Reacción son parte de todas
nuestras acciones. Siguen siendo inseparables. Solo se les puede diferenciar viendo
que si Fuerza de Acción va en un sentido, Fuerza de Reacción va en el otro. Y, como
lo dispuso Fuerza, la hermosa madre de ellos, siempre actúan cada uno en uno de
los cuerpos que están en acción.

Cuento 5

Cuento 5

cuento 5

Gravedad
En un lugar muy lejano y cercano a la vez había un hombre que se había hecho
conocido por inventar cosas inútiles. Le llamaban el señor Deschavetado.
Un día, viendo que la lluvia inundaba su entorno y que no tenía cómo impedirlo
inventó un dispositivo que hacía que las gotas de lluvia en vez de caer hacia abajo
caían hacia arriba.
Los demás hombres estudiaron y analizaron el nuevo invento del señor
Deschavetado y vieron que con ese dispositivo los aviones se podían elevar más
rápido y sin dificultad.
Con el mismo dispositivo, los hombres, hicieron volar vacas y elefantes.
Lo usaron con ellos mismos y empezaron a viajar de un lado a otro sin necesidad de
usar el automóvil, ni los trenes, ni los aviones. Muchas empresas de transporte se
fueron a la quiebra con el invento del señor Deschavetado.
Algunos hombres usaron exageradamente el dispositivo y viajaron a la Luna, otros
se equivocaron de rumbo y se perdieron en el espacio.
Un día un afamado hombre, famoso por sus acrobacias en paracaídas fue a hacer
una de sus gracias, pero se dio cuenta que no pudo practicar el paracaidismo. Las
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alas delta se elevaban y se perdían sin retornar, los futbolistas no podían patear la
pelota sin que saliera de los estadios.
Un señor que se hacía llamar Gravitón, y que también era un conocido locutor de
radio y televisión, encontró que el nuevo invento del señor Deschavetado era
incomprendido y hacía que la gente se confundiera y también se perdiera en el
espacio. Llamó a toda la población y les invitó a un concurso, aquel que encontrara
un dispositivo que anulara el dispositivo del señor Deschavetado sería premiado con
la mano de su hija, la hermosa Gravedad.
Y pasaba el tiempo y la gente no podía ya levantar un pié sobre la Tierra pues
terminaba elevándose en el aire.
Los que más se alegraron del invento del señor Deschavetado fueron los dueños de
la única empresa que vendía motores para bajar.
Otros que ganaron con el ya discutido invento fueron los fabricantes de cordeles,
pues la gente tenía que amarrar todas las cosas para que no se les arrancaran hacia
arriba.
Los inventores de motores para bajar y cuerdas para amarrar las cosas que suben
reclamaban la mano de la hija de Gravitón, pero el decía: ¡no señores!, el invento
debe ser tal que la gente y las cosas se comporten en forma natural, como siempre
solían hacerlo. Además ustedes inventaron esas cosas para ganar dinero, pensaron
solo en como llenar sus bolsillos y no en cómo hacer feliz a la gente.
Y fue entonces que apareció un señor que se hacía llamar Leydela.
Leydela ideó un dispositivo que hacía que todo cuerpo que tuviera masa se atrajera
entre sí.
Primero lo aplicó con una manzana que había en un árbol. Convocó a toda la gente
y a todos los medios de difusión para que vieran el uso de lo que había ideado.
Entonces, tomó una tijera, cortó la ramita que sostenía la manzana y, ¡OH
sorpresa!, la manzana cayó para abajo y no para arriba como ya se había hecho
normal.
El poder de los inventores de los motores para bajar y de las cuerdas para amarrar
era tan grande que lograron detener la aplicación del invento del señor Leydela
durante mucho tiempo.
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16 Preparado por Patricio Barros
Pero, poco a poco la gente se empobrecía y ya no podía comprar motores para
bajar y cuerdas para amarrar. Y nuevamente empezó a perderse gente que se iba al
espacio y otras cosas que seguían el mismo camino. Muchas especies animales
empezaron a extinguirse.
Y no sabemos si fue al comienzo o al final de los tiempos cuando por fin la gente se
dio cuenta de que el invento del señor Deschavetado no resultó ser todo lo bueno
que al comienzo se creyó.
La gente protestó, hacían reuniones y sacaban declaraciones. La gente ya no
resistía más.
Las autoridades viendo que podían perder la confianza del pueblo convocaron a los
legisladores a que estudiaran la situación.
Al cabo de cierto tiempo apareció la llamada Ley de la Antigravedad. En ella se
impedía el uso de cualquier dispositivo que hiciera elevarse las cosas sin uso de
motor o alas.
Entonces Leydela fue convocado por la autoridad y a petición de ella aplicó el
dispositivo, por él diseñado, a todo el mundo.
La gente al fin pudo saltar sin perderse en el cielo, las vacas dejaron de volar y la
lluvia volvió a mojar la Tierra.
Gravitón llamó a Leydela y le entregó la mano de Gravedad en una hermosa
ceremonia. Desde entonces Leydela y Gravedad empezaron a ser conocidos como
Ley de la Gravedad. Y la humanidad volvió a ser feliz.
Los inventores del motor para bajar, rediseñaron el aparato y lo rehicieron como
motores para subir. Desde entonces se han hecho más ricos aún.
Ahora, el hombre no puede vivir si no es por la buena acción de la pareja llamada
Ley de la Gravedad.
Ley de la Gravedad se hizo tan y tan famosa en todo el universo, que ahora se le
conoce como la Gravitación Universal.

Cuento 6

Cuento 6

Cuento 6

Inercia
Todos creen que las primeras Olimpiadas se realizaron en Grecia hace muchos años
atrás, y que de allí surgiría la primera Maratón. Pero nadie sabe que en realidad la
historia es otra.
Mucho tiempo antes de la supuesta primera Olimpiada, se realizó la verdadera
primera Olimpiada. Se realizó en los campos del Jardín de lo Infinito y lo Finito, en
terrenos del Sistema Solar.
Los participantes más destacados, según se recuerda en los anales históricos de la
eternidad, fueron: el Roce Cinético, que participó en el juego de bochas; la Fuerza
de Reacción que participó en el primer partido de tenis que se tenga recuerdo y
jugó la final con su afamado rival, su gemelo Fuerza de Acción; la Fuerza de Roce
con el Aire, que compitió en el torneo de elevación de cometas; la Fuerza Impulsiva,
que participó en el salto alto y después en el salto con garrocha. En fin, fueron
muchos los atletas que dieron realce a esa Olimpiada que se realizó en los campos
del Jardín de lo Infinito y lo Finito.
Pero, lo que más se recuerda, y por cierto que merece la pena, es la carrera eterna
en el escalafón femenino, en donde compitieron las atletas: Velocidad, Acelerada,
Rápida e Inercia.
Todas las atletas se ubicaron en uno de los planetas exteriores del Sistema Solar.
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19 Preparado por Patricio Barros
El árbitro de la competencia, la Reina Masa, dio la partida y las atletas partieron
como era su costumbre:
Velocidad, partió con un enorme ritmo inicial con la intención de mantenerla durante
toda la carrera.
Acelerada, partió del reposo y fue aumentando su ritmo a medida que avanzaba en
la competencia.
Rápida, partió con un ritmo parecido al de Velocidad.
Inercia, sin embargo, partió con un lento ritmo inicial.
Salieron del planeta y como éste no tenía atmósfera, tanto Velocidad como Rapidez
fueron disminuyendo su ritmo debido a que la atracción gravitacional del planeta los
atraía. Acelerada, en cambio, fue aumentando prontamente su ritmo de avance y
pronto dio alcance a Velocidad y Rapidez. Inercia, que se había dado un ritmo
suficiente para no ser afectada por la atracción gravitacional, avanzaba lentamente,
pero avanzaba, aunque al poco andar sus competidoras la habían dejado bastante
atrás.
Ya cuando estaban en el espacio, Velocidad alcanzó a salir con un ritmo todavía
grande del planeta que fue el punto de partida, y se encaminó con ese ritmo hacia
el punto final de la competencia. Rápida, igual que Velocidad alcanzó a salir con un
buen ritmo del planeta y ya fuera de él, siguió con el mismo ritmo en la búsqueda
de la meta. Acelerada en cambio, ya iba en tercer lugar, pero muy cerca de
Velocidad y Rápida que iban más adelante, pero iba aumentando su ritmo. Inercia,
sin embargo, iba lentamente ya bastante atrás, pero no perdía el ritmo.
Y así siguieron la competencia. La partida de esta carrera se daba inicio con el inicio
de la Olimpiada, por lo tanto mientras se desarrollaba, los demás atletas
participaban en las diversas competencias.
Cuando las corredoras habían recorrido ya la mitad de la carrera, Fuerza de Acción
estaba ganando a Fuerza de Reacción en el partido de tenis. Roce Cinético seguía
haciendo puntos en las Bochas, Caída Libre seguía saltando en paracaídas, Fuerza
Impulsiva dominaba ampliamente los saltos altos y los saltos en garrocha. En fin,
todo transcurría con gran entusiasmo y alegría.
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20 Preparado por Patricio Barros
Ya cuando estaban las atletas por llegar a la Tierra, empezaron nuevamente las
dificultades para algunas de las atletas, especialmente para Velocidad, Rápida y
Acelerada.
Acelerada ya iba primera y al entrar a la atmósfera empezó a calentarse
enormemente, debido a ello debió disminuir su ritmo para no quemarse. Estaba en
eso, cuando Velocidad y Rapidez, que venían juntas, la sobrepasaron, éstas, debido
a la atracción gravitacional de la Tierra pronto fueron aumentando sus ritmos.
Inercia, tardo un poco más, pero también llegó a la entrada de la atmósfera
terrestre.
Y, la carrera no terminaba llegando a la superficie de la Tierra, tenían que, además,
dar una vuelta completa hasta arribar al estadio olímpico del Jardín de lo Infinito y
lo Finito.
Como era de esperarse, llegaron primero, y juntas, a la superficie de la Tierra, las
atletas Velocidad y Rápida, luego llegó Acelerada y por último Inercia.
Por entonces, Roce Cinético y Fuerza de Roce con el Aire ya habían terminado sus
respectivas competencias y, claro está, las habían ganado y ya lucían sus hermosas
medallas en el pecho.
Roce Cinético y Fuerza de Roce con el Aire, inmediatamente supieron que las atletas
de la espectacular carrera, que daría término a las Olimpiadas, estaban llegando a
la Tierra y fueron a impedirles todo movimiento ya que esa era su misión en la
existencia eterna.
Velocidad tomó una línea recta, sobre la superficie de la Tierra, que la llevaría a la
meta, y lo hizo con gran ritmo. Rápida tomó un camino sinuoso que rodeaba
montañas, cerros y valles, más bien prefería correr por las planicies. Acelerada,
tomó cualquier camino. Inercia, se dejó llevar por el ritmo en que venía y siguió los
pasos de Velocidad, es decir, en línea recta.
La Fuerza de Roce con el Aire inmediatamente se enfrentó a Velocidad y cada vez le
hacía disminuir el ritmo de su competencia, pero Velocidad decía: no importa llevo
ya bastante ventaja a Inercia y Acelerada y Rápida serían “atacadas” por el Roce
Cinético, ya que ellas no se despegan de la superficie de la tierra como lo hago yo.
Cierto, Acelerada y Rápida fueron prontamente impedidas de avanzar con el mismo
ritmo que traían debido a que Roce Cinético les impedía su correr.
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21 Preparado por Patricio Barros
Inercia, sin embargo, seguía última pero nada le afectaba, parece que Roce Cinético
y Fuerza de Roce con el Aire no se habían dado cuenta que también estaba
compitiendo.
Más pronto de lo que se pensaba el ritmo de Rápida, que junto a Acelerada hacían
el camino más largo, fue disminuyendo y disminuyendo. Acelerada también
disminuía su ritmo y ya no podía aumentar mucho su ritmo, notaba que Fuerza de
Roce con el Aire, le afectaba más cuanto más ritmo le imponía a su andar. Inercia,
seguía última pero ya más cerca de sus competidoras.
Y faltaban unos cuantos metros para llegar al final y se veían entrando a la recta,
primera iba Velocidad, segunda iba Acelerada, tercera iba Rápida y última iba
Inercia.
Y era tanto el empeño de Roce Cinético y Fuerza de Roce con el Aire, que al final
lograron que Rápida no avanzara más cuando solo le faltaban unos 10 metros para
llegar al final, Acelerada que ya se veía afectada por sus dos opositores sucumbió
faltándole solo 2 metros para cruzar la meta, Velocidad se vio tan afectada por Roce
Cinético y Fuerza de Roce con el Aire, que disminuyó a tal extremo su ritmo que al
final, faltando solo 10 centímetros fue sobrepasada por Inercia, que jamás
disminuyó su andar.
E Inercia ganó la última y más valiosa medalla de las primeras Olimpiadas que se
tengan en el recuento de los anales de la eternidad. Dicen que después participó en
otras competencias en distintos lugares y jamás fue derrotada. La gloria y
reconocimientos alcanzados por Inercia jamás se olvidarán y perdurarán por
siempre, hasta que el tiempo ya deje de marcar la historia pasada y futura.